¿La Selección está por encima de todo?

Durante años, en el fútbol venezolano se ha repetido una frase casi como una verdad absoluta: “La Selección está por encima de todo”.

Y probablemente, para la mayoría, la respuesta siga siendo un sí rotundo. Representar a la Vinotinto es el máximo honor para cualquier futbolista venezolano y el sueño de todo jugador que comienza a dar sus primeros pasos en este deporte.

Pero el fútbol rara vez es tan simple como una frase.

Este fin de semana se presentó una situación particular. Mientras la Vinotinto disputa hoy un amistoso ante Turquía en Miami, dos futbolistas venezolanos decidieron permanecer con sus clubes para afrontar compromisos que pueden marcar sus respectivas temporadas.

Eric Ramírez jugará mañana la final del Torneo Apertura de la Liga FUTVE con Carabobo FC.

Eduar Bello disputará el lunes la final del fútbol colombiano con Atlético Nacional.

Ambos fueron convocados por Oswaldo Vizcarrondo, pero tomaron la decisión de priorizar esos encuentros decisivos con sus equipos.

Ante esta situación, el seleccionador expresó: No concibo sopesar una situación club, por encima de tu país, agregó que respetaba la decisión de cada jugador y señaló que “cada acción tiene consecuencias”.

Más allá de cualquier interpretación, la situación deja una reflexión interesante.

Porque cuando hablamos de la selección nacional solemos hacerlo desde la emoción, desde el sentimiento de país y desde el orgullo que genera ver la camiseta Vinotinto en el terreno de juego.

Sin embargo, también existe otra realidad: la carrera profesional de un futbolista se construye día a día en sus clubes.

Son los clubes quienes les brindan continuidad, quienes apuestan por ellos durante una temporada completa y quienes les permiten llegar a momentos como una final.

Por eso no resulta sencillo analizar una decisión como esta únicamente desde el blanco o el negro.

No se trata de elegir entre querer o no querer a la selección.

No se trata de compromiso o falta de compromiso.

Se trata de dos futbolistas que se encuentran ante la oportunidad de disputar títulos con los equipos que representan cada semana.

Y quizás allí está la verdadera reflexión.

Si la selección está por encima de todo, ¿qué lugar ocupan entonces esos momentos que cualquier jugador sueña con disputar desde niño? ¿Qué valor tiene una final en la carrera de un profesional? ¿Es posible entender ambas posturas sin convertirlas en un conflicto?

Probablemente no exista una respuesta única.

Lo que sí parece claro es que tanto la Vinotinto como el fútbol venezolano se fortalecen cuando sus jugadores son protagonistas, cuando llegan a instancias decisivas y cuando compiten por títulos dentro y fuera del país.

Porque al final, cada final que disputa un venezolano también habla del crecimiento de nuestro fútbol.

Y eso, de una u otra forma, también termina beneficiando a la selección.

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